Cartas AMDREUS

CARTA 1:

Los Hombres son la luz del mundo

Pero, ¿qué es la luz?

¿Son pequeñas partículas que viajan en ondas electromagnéticas? ¿Son diminutos fotones que recorren el espacio, revelando todo aquello que encuentran a su paso? ¿O es aquello que permite al hombre ver el camino que tiene por delante?

Existe, sin embargo, otra clase de luz.

Una luz que no ilumina las cosas, sino las decisiones. Una luz que nos recuerda que siempre hay una diferencia entre lo correcto y lo conveniente; entre actuar por impulso o hacerlo con prudencia; entre pensar solo en uno mismo o responder con virtud.

Algunos la llaman conciencia. Otros, discernimiento. Quizá sea esa capacidad silenciosa que acompaña al hombre y le permite reconocer el bien, aun cuando el camino fácil parezca más atractivo.

La luz no consiste en no equivocarse. Consiste en conservar la voluntad de buscar lo correcto incluso después del error; en levantarse con más carácter del que se tenía antes; en elegir la honestidad cuando nadie observa; en cumplir la palabra dada y en dominarse a uno mismo antes de intentar dominar el mundo.

Por eso creemos que la verdadera elegancia no comienza en aquello que llevamos puesto. Comienza en la forma en que vivimos, en las decisiones que tomamos y en la clase de hombre que decidimos ser cada día.

Cuando un hombre cultiva su carácter, no ilumina solo su propia vida. También ilumina a quienes lo rodean. Su ejemplo inspira, sus acciones hablan y su virtud permanece mucho después de que sus palabras hayan sido olvidadas.

Entonces, ¿qué es la luz?

La luz somos los hombres cuando vivimos conforme a la virtud. Cuando elegimos el bien incluso cuando nadie nos observa. Cuando hacemos del carácter nuestra mayor fortaleza.

No permitas que este mundo te arrebate tu luz.

No olvides que tú eres la luz del mundo.

AMDREUS

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